Hisn Shaluqa, en el aljarafe musulmán. Sanlúcar la Mayor.

Apuntes sobre la Historia:La ciudad amurallada de Hisn Shaluqa, en el aljarafe musulmán. Sanlúcar la Mayor.La conquista del aljarafe,año 713,en el aljarafe hispano musulmán. Sobre la segunda mitad del siglo XIII, con la conquista cristiana apenas se alteró la fisonomía de la ciudad, conservando ésta íntegro su recinto amurallado y sus cuarenta y seis torres defensivas. Solucar seguía estando perfectamente defendida aprovechando el foso natural o cárcava sobre cuyo borde se había construido la que debió ser imponente muralla, hoy prácticamente desaparecida.

domingo, 13 de septiembre de 2026

El Juramento Secreto y la Sabiduría de Mamá Jasmina. Aventuras V y VI.

 

Aventura V:

 El Juramento Secreto y la Sabiduría de Mamá Jasmina

El patio de Doña Gertrudis, que hasta hacía poco era un lugar de misterios susurrantes, ahora vibraba con la alegría de la niñez reencontrada. Las canicas rodaban y las chapas tintineaban, pero la curiosidad felina nunca descansa. Roki, el pequeño dormilón que había encontrado un nuevo propósito, dejó escapar un maullido agudo y emocionado.

 — ¡He encontrado otro tesoro! —chilló, con sus ojos redondos brillando de asombro.

 Perejil, el intrépido líder, el más fuerte y valiente, acudió de inmediato. Su instinto explorador se encendió. Con sus patas delanteras, comenzó a escarbar con una velocidad sorprendente, la tierra volando por los aires. Estaba impaciente por saber qué otros secretos custodiaba el viejo jazmín bajo sus raíces retorcidas. Roki señalaba con su cabecita el pequeño agujero.

Perejil intentó alcanzar el objeto con su pata, pero estaba muy escondido. Estiró sus garras una y otra vez, hasta que, con un grito de triunfo, anunció: — ¡Ya lo tengo! ¡Y es muy grande!

 Todos los hermanos se apiñaron, ansiosos por ver el nuevo hallazgo. Con un último esfuerzo, Perejil enganchó el objeto con una de sus uñas y lo arrastró hasta la superficie. Esta vez, se trataba de una cajita metálica del tamaño de una caja de cerillas, oxidada por el tiempo, pero aún cerrada.

 Con cuidado, la abrieron. Dentro, no había más canicas, sino un tesoro más íntimo y personal. Se encontraron con dos pequeños anillos, de metal sencillo, y dos diminutos muñequitos hechos de tela, ya descoloridos y desgastados. Aquello no era un juego cualquiera. Alguna niña de la escuela de Doña Gertrudis, quizás en un pacto secreto de amistad o de amor infantil, debió enterrar aquellos objetos como un juramento a su amado amigo o a un secreto guardado con ternura.

Los gatitos miraron los objetos con una mezcla de curiosidad y respeto. Pero el brillo de la cajita metálica, a pesar de su vejez, capturó la atención de Jazmina, la presumida, quien al instante la quiso para ella.

 — ¡Es mía! ¡Yo la vi primero! —maulló, intentando arrebatársela a Perejil. — ¡No, es mía! —replicó Marina, la atrevida, que también la codiciaba—. ¡Yo ayudé a escarbar!

 La riña entre las dos hermanas por poseer la cajita metálica escaló rápidamente, con bufidos y pequeños zarpazos al aire. Los demás pichurrines observaban la escena, un poco divertidos, un poco nerviosos.

 Fue entonces cuando Mamá Jasmina, que había estado observando la situación con una mirada serena pero firme, intervino. Con un ágil movimiento, tomó la cajita metálica con su boca y la apartó de la contienda. Con voz de madre, clara y autoritaria, dijo:

—La cajita la guardaré yo. Y si os portáis bien, la rifaré entre vosotras al final de la semana. Un tesoro como este debe ser compartido, no motivo de disputa.

 Jazmina y Marina, aunque inicialmente frustradas, sabían que la palabra de Mamá Jasmina era ley. Se apartaron, refunfuñando un poco, pero aceptando la decisión. La cajita del juramento secreto quedó en las sabias garras de Mamá Jasmina, quien la depositó con cuidado en un lugar seguro junto a la higuera.

 El patio volvió a la calma, y los pichurrines retomaron sus juegos con las canicas, el nuevo hallazgo había traído no solo un objeto, sino una lección sobre la amistad y el valor de compartir. Los anillos y los muñequitos, testigos de un amor o una amistad infantil, ahora inspiraban una nueva clase de camaradería entre los pequeños exploradores. La tarde pasó entre juegos y risas, y el jazmín, mudo testigo de tantos secretos, parecía sonreír bajo el sol poniente.

 

 Aventura VI:

 El Bosque Encantado y sus Moradores

(La Aventura de Roki)

—La cajita la guardaré yo. Y si os portáis bien, la rifaré entre vosotras al final de la semana. Un tesoro como este debe ser compartido, no motivo de disputa.

 Jazmina y Marina, aunque inicialmente frustradas, sabían que la palabra de Mamá Jasmina era ley. Se apartaron, refunfuñando un poco, pero aceptando la decisión. La cajita del juramento secreto quedó en las sabias garras de Mamá Jasmina, quien la depositó con cuidado en un lugar seguro junto a la higuera.

 El patio volvió a la calma, y los pichurrines retomaron sus juegos con las canicas, el nuevo hallazgo había traído no solo un objeto, sino una lección sobre la amistad y el valor de compartir. Los anillos y los muñequitos, testigos de un amor o una amistad infantil, ahora inspiraban una nueva clase de camaradería entre los pequeños exploradores. La tarde pasó entre juegos y risas, y el jazmín, mudo testigo de tantos secretos, parecía sonreír bajo el sol poniente.

La noche se cernía sobre el lecho de Jasmina, donde seis pequeños pichurrines y tres gatitos huérfanos dormían profundamente, arropados por el calor de su madre. Pero uno de ellos, Roki, no podía conciliar el sueño. La visión de un tesoro mágico en un lugar secreto, revelada en un sueño, lo había embriagado de curiosidad.

 Silenciosamente, con el corazón latiéndole como un tambor diminuto, se deslizó del regazo de Jasmina. En su pequeña mochila de tela, ya había guardado un trozo de sardina seca, un poco de queso y la pequeña linterna que había "tomado prestada" de la caja de herramientas de la casa. Con un último vistazo a su familia dormida, Roki abrió sigilosamente la puerta y se adentró en la oscuridad del patio de la Cámara Agraria.

 Pero el patio no era el de siempre. La luna, en lugar de iluminar las macetas de geranios, proyectaba sombras largas que convertían las plantas en árboles gigantes con troncos de plata.

El suelo de baldosas desaparecía bajo un espeso manto de musgo brillante. Roki había entrado en el Bosque Encantado del Patio.

 Mientras avanzaba, la luz de su linterna bailaba sobre figuras extrañas. Primero, se topó con el Saltamontes Bibliotecario. Era un insecto grande, de un verde esmeralda brillante, que llevaba unas gafas minúsculas posadas en su nariz. Estaba sentado sobre un grueso libro hecho de hojas secas, justo al lado de un arco formado por enredaderas retorcidas que parecían moverse. "¡Alto ahí, pequeño felino!", graznó el saltamontes con voz grave.

 "En este bosque, los caminos tienen vida propia. Si no caminas con un propósito firme, te engañarán y te perderás." Roki, asustado, asintió y prometió ser cuidadoso. El saltamontes, tras un suspiró, señaló el camino: "Busca la luz más tenue, esa te llevará a la verdad."

Roki continuó, intentando recordar el consejo del saltamontes. Pero pronto, una serie de pequeñas luces danzantes comenzaron a aparecer entre los arbustos. Eran las Sombras Danzantes, esencias del pasado del lugar. Con voces susurrantes y melódicas, le lanzaban acertijos: "Soy el tiempo que pasó, el grano que se guardó, la historia que se contó. ¿Qué soy?" Roki intentó descifrarlos, pero su mente gatuna, más concentrada en la aventura, no podía. Las sombras lo marearon, haciéndole girar y girar hasta que, sin darse cuenta, se desvió del sendero principal.

 De repente, la tierra bajo sus patas cambió. El musgo dio paso a un entramado de raíces gruesas y nudosas que formaban un laberinto natural. La luz de su linterna, ahora más débil, solo lograba iluminar pasillos sin salida. Roki intentó subir a una de las raíces más altas para orientarse, pero era resbaladiza y cayó. Se sintió pequeño, solo y asustado. Estaba perdido. Su corazón diminuto, antes valiente, ahora temblaba. ¿Dónde estaba la luz más tenue de la que le habló el Saltamontes?


Continuara...

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